Ayer, en un banco del parque estaban sentadas dos chicas, dos chicas jóvenes de lo que siempre se ha considerado jóvenes, no como ahora que la juventud llega hasta pasados los cuarenta, digo que eran jóvenes de menos de dieciocho, estaban sentadas y frente a ellas, en posición de cuclillas, había un hombre con un libro.
El libro era una Biblia y las chicas miraban a aquel individuo entre curiosas y atemorizadas. Pasé rápido, lo justo para captar lo que les describo y sinceramente no creo que tardasen en mandarle a paseo supongo que sólo su inexperiencia de adolescentes había conseguido que ese momento duro del "vete de aquí" se pospusiera brevemente en el tiempo.
Un hombre, dos niñas y una Biblia.
Evangelización moderna de jovencitas en agraz.
Y no tiene nada que ver o sí y yo ahora no le pongo forma pero esta escena me hizo pensar en lo engañados que nos encontramos. Creemos que no tenemos dioses y cada vez se ve a más gente con la cabeza gacha adorando la pantalla táctil de su "androide". Las iglesias modernas no tienen paredes pero te tienen encerrado en ellas, burbujas invisibles que te aislan, dispositivos para no escuchar lo que nos rodea, para poder servir a esos que nos liberan haciéndonos sus esclavos. De nuevo el opio del pueblo. Es la misma historia, de nuevo el mundo gira poniéndonos en el punto de partida, se olvida lo pasado para volver a él con matices y seguramente dentro de un tiempo se alzarán las voces contra lo "cyber" preconizando las bondades de un ser humano más sabio y menos material.
Me rodea una sociedad empeñada en destruir la poca espiritualidad que le queda a base de dispositivos para no pensar, modernas cajas tontas que se anuncian en la vieja caja mágica que ha coronado como princesa del pueblo no a la chica de Vallecas que mejores notas sacaba si no a las que más y mejores tacos pronuncia.
Modernas y orgullosas cabezas gachas como las de aquellos que recogían algodón pero sin una causa que librar, cabezas humilladas, sólas, aisladas en unas redes virtuales que no existen valga la redundancia, cabezas sin el calor de un cuerpo con el que compartir el silencio, sin una mano que te acaricie el cuello pues anda acariciando la pantalla fría y plana del amo.
Cabezas gachas que se elevan incrédulas cuando un hombre se les acerca con un libro que no saben de que va.

2 Opiniones:
Tronco¡¡ que la Esteban es de San Blas no de Vallekas. ¡Nada que ver!
Respecto a la espiritualidad y demáses no apetece comentar.
Un saludo, Bogart.
;-)
Y a ver si me comentas alguna vez. No por nada sólo porque me gustaría debe ser por la espiritualidad esa...
Todos llevamos un corsé, aunque sea invisible.
♥
Publicar un comentario en la entrada