jueves 1 de diciembre de 2011

Tapa negra con baños de contraste...


En esta última semana han pasado cosas muy interesantes, cosas grandes y ruidosas y también cosas pequeñas, diminutas, de esas que si no estás con los ojos bien abiertos pasan de largo.

Lees un libro y en él se describe una tarde soleada, una tarde de lectura y de escuchar como juegan los niños en el patio... ves una película y en ella aparecen paseando dos por una playa en pleno invierno, el pelo de ella se mece mezclándose con el salitre que trae la brisa y él la coge de la mano. Hay mil ejemplos como estos que cuento y nosotros vamos y nos los creemos. Dejamos de ver las moscas que se posan en el libro y tampoco escuchamos el estridente chirrido de la pataleta infantil de turno. Vemos el mar pero no vemos la arena que se mete en esos calcetines que arropan inútilmente a unos pies tan gélidos como las manos de esa dama que a buen seguro sólo desea que el varón caiga en la cuenta de que donde mejor se está es en la cafetería del puerto. Y al fin llega el día en que tenemos la casa en el campo, con la terraza y una prole considerable, llega el momento soñado y sólo si realmente nos gusta el campo, pasamos de las moscas y no nos molestan lo chillidos de los niños, podremos disfrutar de la lectura., si no, a buen seguro echaremos de menos el salón de casa. Lo mismo ocurre con la playa y con tantas otras cosas.

Yo he caído mil veces en estas trampas del cinemascope y de la literatura, soy un romántico que le voy a hacer. Nos dejamos llevar por lo que nos cuentan y no nos paramos a pensar qué es lo que somos y lo que queremos ser. Muchas de las veces ocurre que nuestros anhelos son tan simples que nos da vergüenza contarlos: "yo prefiero la tapa negra de La Piara al fuá", "a mi me da lo mismo un Rioja que un Ribera de Duero, a mi lo que me gusta es con gaseosa"... y así todo lo que se puedan imaginar.

Qué bobos somos, no creo que se pueda decir de otro modo, bobos de solemnidad, nos encanta creer en lo que sea y proclamamos a los cuatro vientos nuestro ateísmo militante, negamos la existencia de los mesías y nos entregamos en cuerpo y alma a los beneficios de los baños de contraste, necesitamos creer y tener sueños, pero sueños de colores y formas, sueños de otros y cuando los conseguimos saben a nada, porque, evidentemente, no son nuestros.

Yo, en esta semana, me he caido un poco del guindo, sólo un poco, no demasiado, pero ahora dudo y esa duda ya es un paso.

3 Opiniones:

Démo Forever dijo...

Pero lo de la casita en el campo sigue en pie, no?

Bogart dijo...

a la orilla de un lago....

Girl From Lebanon dijo...

A veces se convierte en tortura intentar que esos sueños se lleguen a materializar...y cuando lo piensas friamente te preguntas, ¿y después que?¿realmente es eso lo que quieres?...y la mayoría de las veces la duda es la respuesta...

gran entrada...

Bss!!!