Acabo de terminar el libro amarillo, ese mismo que debía haber entregado a la biblioteca hace días. Me ha gustado. Lo he acabado en silencio, llevo horas en silencio, porque el ruido que hace el ventilador del PC no cuenta ya que a los pocos minutos dejas de oírlo y todo de nuevo es silencio.
El gato duerme en su cesta, yo leo y él duerme, es increíble lo mucho que duerme y lo feliz que es. Me he levantado para escribir esto, me ha mirado, se ha estirado, ha cambiado de postura y ha vuelto a cerrar los ojos, nadie puede ser desgraciado con semejante comportamiento.
Mañana tengo que ir a trabajar, me gustaría que estos instantes durasen más y poder disfrutar de esta calma por mucho tiempo. De eso mas o menos va el libro amarillo, de soledades y de caminos por andar y de pérdidas y de seres que por mucho que no estén, nunca dejan de estar.
He abandonado el sofá varias veces en el tiempo que duraba la lectura, al baño, a beber agua, al baño de nuevo, a estirar las piernas y a contemplar que nada rompe el silencio de mi casa. Me he levantado varias veces y el vaso de güisqui sigue en la mesa, me gusta su olor, me viene de vez en cuando su aroma y me recuerda que todo esto es real, es un murmullo oloroso que rompe de algún modo la quietud de la escena.
Son las ocho de la tarde. Miro al gato que sigue con los ojos cerrados, el libro está cerrado y el papel que me recuerda que debería haberlo devuelto hace tiempo descansa arrugado con otros dos papeles de otros dos lectores anónimos o por lo menos anónimos a mis ojos.
Volveré al sofá, la tarde aún no ha acabado, escucharé música, se romperá el silencio y seguirá oliendo a güisqui....
2 Opiniones:
Yo también me retraso en las devoluciones a la biblioteca. Pero es normal, no gozamos del tiempo libre suficiente. Por mi parte, sigue el silencio pero el aroma, a este otro lado, es a martini. Un abrazo.
Ay, que os voy a poner una multa a los dos por retrasarse en la devolución de libros ;)
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